lunes, 6 de noviembre de 2017

La publicidad como selfie de una sociedad cercada. Análisis valorativo del monográfico de eldiario.es "El reto de imaginar el futuro"

Portada del trabajo que tienes más abajo

Robert Guérin no era crítico con la publicidad. Todo lo contrario. Este periodista deportivo, además de fundar la FIFA, convirtiendo el fútbol en un negocio de masas, es autor de esa frase que desde siempre hemos venido citando los que hablamos o escribimos de estos temas.

Y, bueno, este señor vivió entre 1856 y 1952. La publicidad como hoy la conocemos estaba, digamos, eclosionando. Nada que ver con lo que es hoy, en una época dominada por un capitalismo financierizado, que de la mano de la doctrina neoliberal, se ha enseñoreado de cuerpos y espíritus, de todo el universo de expectativas, deseos y horizontes que nos definen como personas. Ha conseguido que pocas actividades queden al margen del mercado y sus lógicas: competencia/Intereses privados/máximos beneficios. Como en la selva más hostil para la vida buena, esta dictadura ideológica nos empujan a todos a competir con todos para ser/tener más. 

La publicidad tiene en esto una función fundamental.  Es ella la que lubrica los flujos del sistema y alicata con violencia blanda nuestros cerebros de estos principios para hacer de nosotros egos adolescentes, irrefrenables y de cortas miras. Nada sería igual si su labor de gota a gota, pum/pum/pum, remachando, machacando siempre las mismas ideas como radiación de fondo en todas sus creaciones. 



La frase de Guérin tiene, por lo tanto, más actualidad que nunca. Solo tiene en este siglo XXI un problema: que se ha quedado ya demasiado corta como metáfora. De la misma forma que el oxígeno es parte esencial de nuestro metabolismo corporal para producir la energía que nos permite vivir, la publicidad se ha convertido, a su vez, en parte esencial del metabolismo social,  empaquetando los deseos, sueños y expectativas que orientan nuestro comportamiento. 

Paremos un momento. Silencio. Cerremos los ojos y pensemos  en un mundo sin esa publicidad que envuelve como el aire nuestras vidas...

No es fácil, ¿verdad?.  Nos pasará, al menos, como cuando cerramos la boca y no respiramos, que nos damos cuenta de que estamos sumergidos en el aire. 

Es posible también que seamos capaces de atisbar otra realidad muy diferente, con otro "sentido común" y otros anhelos y expectativas. Una alternativa vital, económica y social, que se sitúa al otro lado de ese muro de gominola que nos ciñe blandamente, nos establece el "sentido común", y nos encauza el deseo. 

Veámoslo con estas diapositivas de la presentación que viene más abajo, y tratemos de llenar esos globos de pensamiento:






A mí se me ocurrieron esto, y soy consciente de que no me resulta fácil pensar desde el otro lado. 
(seguir leyendo haciendo clic en "Más información")







*   *   *

UFFFF¡¡¡. Parece que tenía ganas de expulsar el aire tóxico de publicina acumulado después de varios meses sin venir por aquí.

Ahora respiro más en Twitter, coceando siempre que puedo frente a ese muro de violencia blanda que nos cerca de forma no muy diferente a como hace la agroindustria con los animales no humanos.

No sé si alguien habrá llegado hasta aquí. No sería un obstáculo para haberlo escrito. Soy de los que escriben para pensar(me) mejor. La escritura me obliga a ordenar, precisar y matizar mis propias ideas. Después del trabajo que viene a continuación, tengo más asentada aún la certeza de que la publicidad es la toxina atontadora de nuestro tiempo, la que nos neutraliza impidiéndonos enfrentarnos, como ciudadanos, como sociedad, como civilización, a los terribles retos que nos esperan a la vuelta de la esquina.

Lo que antes era panen et circenses, ahora es fúmbol, ruido y publicidad. Ya no se necesitan las religiones para ponernos un policía en el cerebro, ahora somos nosotros el policía que nos apacienta dulcemente dentro de la jaula gracias a la publicidad.





Después del trabajo sobre este monográfico, "El reto de imaginar el futuro", de eldiario.es tengo más claros los límites de la independencia periodística. 

Soy lector y socio de eldiario.es, y me siento orgulloso de contribuir con ello a la consolidación de un periodismo serio y comprometido con el servicio ciudadano en una sociedad democrática, pero la independencia real es un preciado galardón que no es nada fácil de mantener:




Eldiario.es sigue teniendo como ingreso principal la publicidad, y, como veremos en el análisis de este monográfico, dirán lo que quieran, pero ahí está con su influjo y condicionamiento sutil, blando e, incluso, culpabilizador. La autocensura siempre bebe ahí, en esa viscosa ciénaga. Y es siempre el autocensurado el último en darse cuenta de ello.


Sobre el trabajo realizado.



2ª diapositiva

Le he dedicado un par de semanas y sé que todavía tiene muchas cosas por pulir o matizar. Pero lo suelto ya, que no es cosa de dilatarlo demasiado. Estoy convencido de que ahora solo puede mejorar con los comentarios y aportaciones que me puedan enviar los que lleguen al mismo y recorran las 78 diapositivas.

Elegí el formato presentación porque, además de facilitar el trabajo directo sobre imágenes (aquí son fundamentales), permiten exponer de forma sintética los análisis, apreciaciones y valoraciones. 

Espero vuestros comentarios. Siempre me resultan todos de provecho.



2 comentarios:

  1. Excelente análisis, que permite apreciar adecuadamente los factores ideológicos que podrían escapársenos en una simple lectura de los textos del monográfico.

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  2. Gracias, Mario. Es un placer saber de ti.

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